02 marzo 2014

SI YO CAMBIO, CAMBIARÁ EL MUNDO

Las siguientes palabras están inscritas en la tumba de un obispo del s. XII en la cripta de la abadía de Westminster:

"Cuando yo era joven y libre y mi imaginación no conocía límites,
soñaba con cambiar el mundo.
A medida que me fui haciendo mayor y más prudente,
descubrí que el mundo no cambiaría,
de modo que acorté un poco la visión y decidí cambiar solamente mi país.
Pero eso también parecía inamovible.
Al llegar a mi madurez, en un último y desesperado intento,
decidí avenirme a cambiar solamente a mi familia,
a los seres que tenía más próximos, pero ¡ay!,
tampoco ellos quisieron saber nada del asunto.
Y ahora que me encuentro en mi lecho de muerte,
de pronto me doy cuenta:
Sólo con que hubiera empezado por cambiar yo mismo...,
con mi solo ejemplo habría cambiado a mi familia.
Y entonces, movido por la inspiración y el estímulo que ellos me ofrecían,
habría sido capaz de mejorar mi país
y quién sabe si incluso no hubiera podido cambiar el mundo".

Estoy totalmente de acuerdo con estas palabras, con frecuencia nos invade un deseo desesperado de querer cambiar el mundo y todo lo que no nos gusta de nuestro entorno próximo, pero debemos ser realistas, quizá lo más fácil (o lo más difícil), es empezar por uno mismo, intentando ser ejemplo de vida para otros. Es un intento de mejorar nuestra actitud ante los demás, ante la vida... y quizá no cambiemos el mundo, pero lograremos ser más coherentes con lo que sentimos y dar pequeños pasos para que todo a nuestro alrededor se vuelva un poco más amable.

01 marzo 2014

UN ÁRBOL DE FUERTES RAMAS

La Familia del Amor Misericordioso es un árbol de frondosas ramas
mecidas por la ternura y el amor de Dios.
Un árbol del que brota la savia (la fe) que nos mantiene unidos
y con profundas raíces que nos apegan a la tierra
(nuestra realidad y nuestro entorno).
 

Dios nos pide que permanezcamos siempre unidos,
no dejando que ninguna de esas ramas se seque
por falta de atención, comprensión o dedicación.

15 febrero 2014

RECONCÍLIATE CON DIOS

Es decir: Reconoce y acepta lo que Dios ha hecho por ti, por nosotros. Nos ha reconciliado. Nos ha vuelto a mirar con cariño de Padre y de Creador. Pero a lo mejor vivimos al margen de la reconciliación o sin que nos interese.
Escuchamos: Deja que Dios haga maravillas en tu vida”. “Deja sitio a Dios en tu vida”.
Tú sabes cómo te sientes cuando “no pintas nada en la vida o en el corazón de otros”. Cuando no pintamos nada para alguien, nos duele, sobre todo si “deseamos pintar algo”.
¡Qué bueno es Dios! ¡Cuánta paciencia con nosotros! Dios “pinta poco en la vida de muchos” y aún así sigue esperando... Él nos dice fuerte y claro: “Déjate reconciliar”. “Entra en este dinamismo de perdón y de vida que yo he puesto en marcha en mi Hijo Jesús”.

 
¿Qué pasaría en tu vida y en la mía
si de verdad escucháramos esta palabra de Dios?

08 febrero 2014

UN ENCUENTRO INESPERADO

Quiero empezar este espacio que ahora abro con la primera reflexión que llegó hasta mí de Madre Esperanza de Jesús de la mano de la Congregación de los Hijos del Amor Misericordioso que acababan de llegar a nuestra Parroquia.

“Yo debo llegar a hacer que los hombres le conozcan,
no como un Padre ofendido por las ingratitudes de sus hijos,
sino como bondadoso Padre que busca por todos los medios

la manera de confortar, ayudar y hacer felices a sus hijos
y que los sigue y busca con amor incansable,
como si Él no pudiera ser feliz sin ellos”.
 

Estas palabras calaron en mí de una forma única, no sé si fue porque yo vivía en aquel momento un tiempo de aguas agitadas en mi interior o simplemente porque Dios quiso que llegaran a mi corazón de una manera especial.
Pero es lo que ocurrió...
Las palabras de Madre Esperanza fueron un bálsamo para mí, aquietaron las turbulencias de mi pensamiento y empezaron a calmar y llenar de paz y serenidad mi corazón y mi mente.